Hoy te voy a contar una historia. En ella te voy a descubrir mi Ikigai,el porqué decidí emprender.

Es posible que sea la primera vez que escuches hablar del IKIGAI, en otra ocasión te contaré más sobre esta filosofía japonesa de vida, ahora quiero compartir contigo cómo acabé siendo copywriter profesional y porqué decidí crear mi propio negocio.

Mi relato comienza con esta niña, la de la foto, soy yo con cuatro años. Una niña inquieta, curiosa y con la cabeza llena de pájaros. Ésta es una de las pocas fotos en las que se me ve parada. Siempre estaba corriendo  de aquí para allá, bueno casi igual que ahora solo que un poquito más joven.

 

Mayko Martínez de niña

 

Momentos clave de mi vida

¿Has oído hablar de ese momento importante en tu vida que lo cambia todo? Aquí tienes mis cuatro momentos estrella en los que sentí que mi vida daba un giro:

  1. Cuando con  6 años me tragué una tuerca de fontanería mientras jugaba con mi hermana a los médicos. 
  2. Cuando nació mi primer hijo. 
  3. Cuando  nació mi segunda hija. 
  4. Cuando me despidieron de la agencia de publicidad donde trabajaba. 

Y  mi historia sobre porqué me gusta escribir comienza cuando tenía 6 años y me tragué esa tuerca. 

“Tómate esto y te pondrás buena”

Eso mismo me dijo mi hermana mayor aquel día que jugábamos a los médicos. Y yo, que siempre he sido muy “teatrera”, le hice caso y me tragué la tuerca que ella había cogido de la caja de herramientas de mi padre. Luego cuando fuimos conscientes del lío en que nos habíamos metido prometimos no contar nada a nadie.

Lo que mi hermana y yo no esperábamos es que aunque no dijéramos ni “mú” la tuerca ya estaba haciendo de las suyas en mi organismo. Al poco tiempo empecé a tener mareos y fuertes dolores abdominales. La cosa se ponía fea así que al final tuvimos que confesar.

Un final feliz

Imagínate la cara de mi madre cuando le contamos la historia. Menuda bronca nos cayó, pero el mal ya estaba hecho y había que ponerle remedio.

En cuanto mi madre informó al médico de lo sucedido me  pusieron a “dieta de espárragos”.  Me pasé un mes entero comiendo solo espárragos, se supone que la fibra envolvería la tuerca para que no soltara óxido y no me perforaría ningún órgano.  Ahora no puedo ver un espárrago ni en pintura. 😉

La tuerca salió pero me provocó una “peritonitis aguda” que casi me lleva al otro barrio. Y  fue justo ahí, durante el tiempo que estuve en el hospital cuando empecé a escribir.  Yo tenía 6 años y todo el tiempo del mundo  para contar lo que me pasaba.

Luego continúe escribiendo: sueños, vivencias y mis diarios. Así hasta los 18 años cuando al acabar el Instituto tuve que elegir qué quería estudiar. Por entonces yo hacia atletismo de competición en un equipo en Madrid (el “Blanco y Negro” corría 400 metros lisos). Mi entrenador era una buena persona pero no paraba de echar pestes de su profesión, él había estudiado I.N.E.F, la carrera de Educación Física.

Así que cuando me tocó elegir qué carrera estudiar no lo tuve claro y en vez de estudiar I.N.E.F que era lo todo el mundo esperaba que escogiese, decidí hacer Publicidad y Relaciones Públicas. ¿Por qué lo hice? Pues porque pensé que si no iba a vivir del deporte quizás lo de escribir haciendo anuncios sería una buena salida profesional, total me encantaba escribir y siempre me consideré una persona creativa.

Donde nacen las ideas

Tras acabar la carrera hice un Máster en Gestión Publicitaria y Creatividad en la Universidad Complutense. Y entre medias, hice un módulo de FP3 de Educación Física (T.A.F.A.D) esto ya os lo contaré en otra ocasión, pertenece a mi otra vida en paralelo dedicada al deporte que siempre ha estado ahí.

Así es como en el 1998, hace de eso un siglo, entré a trabajar en la primera agencia de Publicidad. Durante los 11 años que he trabajado como creativa publicitaria pasé por cinco agencias y en todas ellas aprendí y me divertí.

Hasta que  llegó un momento en el que quise tener hijos ¿Y qué pasó? Que aposté por mi sueño: formar una familia y poder disfrutarla. Esto qué implicaba. Hablar con mi jefa y contarle que iba a cumplir mis horarios a rajatabla porque no podía llegar a casa todos los días tarde.

Aún me acuerdo cuál fue su respuesta: “bueno, sino vivieras tan lejos quizás llegarías antes a casa” “lo mismo si te compras una moto…”. La moto me la compré, pero no porque lo dijera ella, sino porque me encantan.

Moto Honda Shadow

Lucha por tu Ikigai, el porqué haces las cosas

Mi Ikigai, el porqué decidí luchar fue el querer formar una familia y seguir siendo haciendo lo que me gustaba: escribir. 

Esta motivación es la que me movió a seguir adelante. Cuando tuve a mi primer hijo solicité reducción de jornada para cuidarlo.  En la agencia trabajaba como el que más solo que me iba a casa a las 14,30 horas. Esto levantó muchas ampollas a mi alrededor. ¿Por qué? Pues porque en las agencias suelen trabajar en equipo, lo que se llama “Dupla creativa” que está formada por un director de arte y un copywriter.

Así que al pedir reducción de jornada  mi compañera se quedaba huérfana de copy y esto era un problema. La dirección nunca buscó una solución a esta situación particular, pensaban que me cansaría y me iría por mi propio pie, pero esto no sucedió.

 

Dos años de lucha por mis derechos

Así estuve 2 años. Luego me volví a quedar embarazada de mi segunda hija. Cuando nació, como tenía un reflujo que la hacía vomitar continuamente, solicité un año de excedencia por cuidado de un hijo menor. Madre mía, en administración nunca habían gestionado una baja como esa y  mi jefa aquello le vio como una auténtica herejía.

Después, al acabar mi excedencia me incorporé al trabajo y en cuestión de unas semanas me despidieron. El despido lo acepté de buena gana porque ya no quería seguir trabajando en la agencia. Yo pensaba que podía ejercer de copywriter y cuidar a mi familia, pero el tiempo me demostró que no era posible. Mi manera de pensar no encajaba en su sistema de organización y yo era una piedra en su zapato por eso al ofrecerme un despido con indemnización lo cogí.

Hoy  me sorprende ver lo poco que ha cambiado el tema de la conciliación laboral en nuestro país. Sé que a muchas mujeres les ha pasado lo mismo que a mí, que han tenido que sacrificar su carrera profesional por atender a sus familias.

También conozco a otras que ante el miedo de que las despidan han decidido renunciar a tener hijos para no arriesgar su trabajo. De verdad que espero ver el día en que las empresas valoren a la mujer en toda su dimensión: como empleada y como madre. Sé que esto es cuestión de tiempo.

Madre de día, creativa toda la vida

De eso han pasado ya casi 10 años. Y ahora que miro hacía atrás me siento orgullosa de haber podido estar cerca de mis hijos, de verles crecer y ver en qué se han convertido. No quiero engañarte, ésta no es una historia de color de rosa, también he vivido momentos difíciles y tristes mientras los he cuidado y buscaba cómo enfocar mi nueva vida laboral. 

Quizás te preguntas ¿pero durante estos 10 años habrás hecho algo más Mayko? Sí claro, una mente creativa nunca para de pensar. El resto de la historia de cómo además de copywriter cree mi propia empresa de Deportes de tiempo libre, o de cómo llegué a ser escritora de cuentos Kamishibai te lo comparto otro día.

Antes de despedirme quiero darte las gracias por pertenecer a mi comunidad y por leerme. Hoy te he hablado de mí con el corazón en la mano y también me encantaría conocerte un poquito mejor. ¿Te animas a contarme cuál es tu historia en los comentarios?

 

Imagen  cabecera post: Jon Flobrant (Unplash)